El futuro del trabajo con IA: qué tareas cambian primero
Qué dicen los datos sobre cómo la IA cambia el trabajo: qué tareas automatiza y cuáles seguirán siendo humanas.
Resumen accionable del estudio: qué funciones adoptan más IA, dónde se captura valor y qué riesgos están frenando a las empresas.
OPINIÓN & FUTURO · MCKINSEY · IA EN EMPRESA
Uso ya es “normal”
88% de organizaciones dice que usa IA con regularidad (y 79% usa genAI).
Pero el “impacto P&L” va lento
Solo 39% reporta impacto en EBIT a nivel enterprise. Mucho valor a nivel caso de uso, menos en la cuenta de resultados global.
Agentes: interés brutal
62% al menos experimenta con agentes; 23% ya está escalando alguno, normalmente en 1–2 funciones.
La gran idea de 2025 no es “usar IA”. Es convertirla en ventaja operativa: workflows rediseñados, KPIs claros y riesgos bajo control.
La encuesta pinta un patrón repetido: muchas empresas han metido IA en “algún sitio”, pero pocas han cambiado el “cómo se trabaja” lo suficiente como para que el valor llegue al EBIT. Aquí tienes el mapa: qué funciones adoptan más IA, dónde se captura valor y qué frenos siguen apagando el retorno.
Si te quedas solo con el titular, te engañas: “la IA ya está en todas partes”. Sí, casi 9 de cada 10 organizaciones declaran uso regular. Pero la otra mitad del titular es la que importa: la mayoría sigue en piloto o experimentación, y solo alrededor de un tercio dice haber empezado a escalar de verdad.
En la encuesta anterior, cuando el foco era genAI en concreto, más de 80% decía no ver todavía impacto tangible en el EBIT a nivel enterprise. Aun así, ya aparecía una señal potente: 17% afirmaba que un 5% o más de su EBIT era atribuible al uso de genAI en los últimos 12 meses. Traducción: el valor existe, pero no está repartido. Está concentrado en quien ha hecho el trabajo duro.
Lo útil de este estudio es que te da una pista clara de “quién gana”: los high performers (los que reportan más de 5% de EBIT atribuible a IA y valor significativo) se comportan distinto. No tienen mejores prompts. Tienen mejores sistemas.
Hay cuatro áreas que salen una y otra vez como “puntas de lanza” de genAI: marketing y ventas, desarrollo de producto/servicio, operaciones de servicio (soporte, atención al cliente, back office), y ingeniería de software. No es casualidad.
Estas funciones tienen tres ventajas: tareas repetibles (muchas iteraciones), output fácil de integrar (texto, respuestas, código, resúmenes) y métricas que permiten demostrar valor rápido (tiempos, conversión, incidencias, velocidad de entrega).
De hecho, en el corte anterior ya se veía algo muy “terrenal”: el contenido más generado por genAI es texto (63%), seguido de imágenes (36%) y código (27%). Video y voz aparecen, pero todavía lejos.
Otro dato que suele pasar desapercibido: las organizaciones dicen usar IA en un promedio de tres funciones. Es decir: no es “en toda la empresa”. Es “en tres rincones donde duele” (o donde hay un champion empujando).
Lo más importante del estudio no es la lista de casos de uso. Es el cómo llegan a EBIT. En 2025, el indicador se hace más nítido: hay beneficios a nivel caso de uso (coste y revenue), y 64% dice que la IA habilita innovación, pero solo 39% reporta impacto en EBIT a nivel enterprise.
¿Qué separa a los que cruzan ese puente? Dos cosas que suenan aburridas, pero son oro:
Los high performers son casi 3 veces más propensos a decir que han rediseñado de forma fundamental sus flujos de trabajo: 55% frente a 20%. Esto es clave: si la IA solo “ayuda”, mejora productividad local. Si la IA cambia el proceso, aparece margen real.
En la oleada anterior se veía un agujero enorme: menos de 1 de cada 5 organizaciones decía estar trackeando KPIs bien definidos para soluciones de genAI. Si no mides, no puedes priorizar ni escalar. Si quieres una guía práctica para aterrizar métricas (sin caer en “vanity KPIs”), te encaja muy bien este artículo sobre KPIs en proyectos de IA.
Y hay un tercer ingrediente que se repite: human-in-the-loop bien diseñado. No para “revisarlo todo” (eso mata el ROI), sino para definir cuándo hace falta validación humana y cómo se decide. Es una de las prácticas que más correlaciona con impacto significativo.
Si estás buscando “por dónde empiezo”, aquí va una lista que no es sexy, pero sí rentable. Hecha con el criterio que aparece en el estudio: frecuencia alta, integración clara y medición posible.
Escala bien porque es una fábrica de tickets. Empieza con sugerencias (no automatización total): clasificación, respuesta propuesta, extracción de campos, resumen y next steps.
KPIs: tiempo medio de resolución, first-contact resolution, recontacto, CSAT. Guardrails: base documental (RAG), plantillas, límites de tono, y reglas claras de escalado a humano.
Aquí el valor aparece rápido si lo integras en el flujo: generación de tests, documentación, migraciones repetitivas, análisis de PRs, búsqueda en repos y ayudas para debugging.
KPIs: lead time, throughput de PR, bugs en producción, cobertura de tests. Truco: empieza por “tareas con verificación” (tests, lint, build) antes de “tareas creativas”.
No es “hacer copies”. Es acelerar el ciclo: investigación de mercado, variantes por segmento, propuestas personalizadas, respuestas a objeciones, y análisis de llamadas.
KPIs: conversión por etapa, velocidad de respuesta a leads, win-rate, CAC. Ojo: si no conectas con CRM y datos de producto, se queda en “contenido bonito”.
Este caso de uso suele ganar porque reduce fricción diaria: políticas internas, procesos, documentación, contratos, FAQs técnicas. Si lo haces bien, se convierte en “capa” para todo lo demás.
KPIs: tiempo para encontrar respuesta, volumen de consultas resueltas, reducción de interrupciones a expertos. Clave: permisos bien hechos (si no, lo matas por compliance).
Escala cuando se usa para absorber señales: tickets, NPS, entrevistas, reseñas, feedback de sales, roadmaps. La IA no “decide”, pero te deja ver patrones en días, no en semanas.
KPIs: tiempo desde insight a decisión, reducción de retrabajo, acierto de priorización.
La encuesta enseña hambre de agentes: mucha experimentación, menos escalado. Mi recomendación: agentes primero en entornos acotados (IT, soporte interno, operaciones con playbooks), con permisos mínimos y registro de acciones.
Si quieres entender bien el salto de copilotos a agentes (y por qué cambia el riesgo), aquí tienes un buen complemento: de copilotos a agentes autónomos en empresas.
Aquí viene la parte incómoda: el freno ya no es “no sabemos qué es un LLM”. El freno es riesgo + gobernanza + datos + adopción.
En 2025, 51% de organizaciones que usan IA dice haber tenido al menos una consecuencia negativa. Y casi un tercio de los encuestados reporta problemas derivados de inexactitud. Lo interesante: las empresas están mitigando más riesgos que antes (se pasa de una media de dos riesgos gestionados en 2022 a cuatro en 2025), pero aún hay huecos: por ejemplo, explicabilidad aparece como un riesgo muy reportado y, aun así, no se mitiga tanto como cabría esperar.
Para que todo esto no se quede en buenas intenciones, ayuda muchísimo documentar el uso (qué sistemas, qué datos, qué controles, quién aprueba qué). Si estás montando una capa seria de gobernanza, te encaja esta guía: documentar el uso de IA en la empresa.
Si quieres una hoja de ruta compacta (y realista), aquí va un checklist que encaja con lo que el estudio sugiere, pero aterrizado a ejecución:
La conclusión de 2025 es bastante limpia: la IA ya está en la empresa. La pregunta es si está en la empresa como “herramienta simpática” o como motor de rendimiento. Y eso se decide menos en el modelo que eliges y más en el proceso que rediseñas, las métricas que persigues y los riesgos que te tomas en serio.
El 88% de las organizaciones dice usar IA con regularidad y el 79% usa IA generativa. Sin embargo, solo el 39% reporta un impacto real en el EBIT a nivel de toda la empresa, lo que muestra que el uso extendido no siempre se traduce en resultados financieros.
Marketing y ventas, desarrollo de producto, operaciones de servicio (soporte y atención al cliente) e ingeniería de software lideran la adopción, porque combinan tareas repetibles, salidas fáciles de integrar y métricas que permiten demostrar valor con rapidez.
Los "high performers" rediseñan de forma fundamental sus flujos de trabajo (55% frente al 20% del resto), miden con KPIs claros en vez de vanity metrics, y diseñan bien el human-in-the-loop: deciden cuándo hace falta validación humana en lugar de revisarlo todo.
El 51% de las organizaciones que usan IA ha sufrido al menos una consecuencia negativa, y casi un tercio reporta problemas de inexactitud. Los frenos típicos son alucinaciones, seguridad (prompt injection y fugas), riesgos de propiedad intelectual, falta de datos bien gobernados y resistencia al cambio.
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